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Cómo convertir una oportunidad en crisis

Cuando el 15  de septiembre de 2008 Lehman Brothers presentó su protección de bancarrota (Capítulo 11) y el mundo oficializó el comienzo de la crisis más severa desde la ocurrida en los años 30, rápidamente comencé a escuchar una frase: “hay que convertir esta crisis en oportunidad”. Se podía ver tanto en ámbitos empresariales como académicos charlas, jornadas y debates al respecto. Parece ser que la sociedad argentina la interpretó al revés.

Durante el primer semestre de 2008 cuando los precios de los commodities alcanzaron su máximo nivel de precio  históricos, los empresarios argentinos y el gobierno se enredaron en una enorme crisis institucional que llevo a que por avaricia ninguno se apropiara de la oportunidad de vender los granos a precios máximos y hubo que conformarse con venderlo a mitad de su precio. No hace falta aclarar que esto ocasionó perdidas millonarias a nuestro país y beneficios importantes a nuestros competidores.

A pesar de haber tenido un 2009 convulsionado tanto en materia política como económica, el gobierno había logrado dar señales positiva durante las últimas semanas. Una reunión de la presidenta con los empresarios días antes de Navidad había generado una sensación de cambio positivo que los hizo ilusionar. Asimismo, el gobierno estaba encarando un plan de regularización de los tenedores de deuda, especialmente aquellos que poseen bonos del defaulf del 2001-2002. No obstante este panorama alentador, en tan sólo 48 horas de la primera semana del año, nuevamente la impericia de nuestra clase dirigente vuelve a darnos una clase de cómo convertir esta oportunidad de tener un 2010 “tranquilo” en una crisis institucional, quizás la más grande desde la renuncia del presidente De La Rúa en Diciembre de 2001.

Si es cierto que la Argentina “está condenada al éxito”, como dijera el ex presidente Duhalde, nosotros nos esmeramos en generar condiciones impropias para poder disfrutar de ese éxito.

Matrimonio gay y status quo

Es frecuente encontrar editoriales de La Nación con tinte conservador y moralistas. El editorial de hoy “El relativismo moral que nos rodea” no es la excepción y merece una reflexión. El debate de una posible ley que modifique el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo género y las declaraciones públicas del jefe de gobierno porteño dando apoyo a la iniciativa ha causado cierto malestar en los claustros conservadores y religiosos del país.

Resulta llamativo el argumento sobre el cual se plantea la oposición a tal iniciativa:
“Afirmamos (…) que la imposibilidad de que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio obedece a que esa unión es absolutamente contraria a la naturaleza humana y opuesta a la razón. No se trata de una imposibilidad establecida por la ley: se trata de una imposibilidad impuesta por la naturaleza.”

¿Qué interpreta éste editorial por naturaleza humana? Si hacemos una lectura literal del término el mismo hace referencia al sustrato físico/biológico del hombre. Visto que el matrimonio es un contrato civil, pareciera no existir ninguna relación entre naturaleza humana y el contrato de matrimonio. Consecuentemente, no existe ningún impedimento natural para que dos personas, cualesquiera sea su sexo realicen un contrato civil de matrimonio.

Ahora, si dentro de la naturaleza humana el editorial incluye el sustrato sociocultural del hombre, entonces vuelve a ser importante remarcar el carácter contractual del matrimonio, el cual es regulado por una ley civil. Existen infinidad de contratos explícitos e implícitos en la sociedad. El hombre vive todos y cada uno de sus días inmersos en un complejo tramado de relaciones contractuales. La sociedad humana ha realizado modificaciones a sus contratos a lo largo de toda la historia. A modo de ejemplo mencionemos la gran cantidad de cambios sufridos sobre los contratos que regulan los derechos de propiedad. ¿Por qué tanto escándalo por un cambio más?

Pareciera ser que por naturaleza humana el editorial interpreta una serie de principios basados en la doctrina cristiana de moral y buenas costumbres. Es importante que la sociedad argentina deje de vivir anclada a viejos preceptos religiosos que representan a sectores reducidos y comience a legislar para todos y cada uno de sus habitantes, sin discriminar según su credo, religión o gustos individuales

Darwin, evolución y cambio

Se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin, una figura extraordinaria que vivio en el siglo XIX y ha dejado una huella indeleble en la ciencia y la cultura en general. Leyendo artículos que diferentes diarios y revistas han publicado en referencia al aniversario, me ha sorprendido la miopía con la que hoy miramos su obra.

Todos los artículos que he leido destacan la singular importancia que ha tenido la teoría de la evolución darwiniana en ubicar al hombre dentro del reino animal como una especie más y alejar a la humanidad de los pensamientos religiosos de la antigüedad y medioevo. Sin lugar a dudas que este ha sido un tópico importantísimo de la teoría darwinista, y quizás el que más ha dado que hablar en el común de la gente.

No obstante, creo que la reseña histórica que se hace de su obra olvida de remarcar quizás el principal logro de la teoría darwinista. Si hacemos un análisis temporo-espacial de la época en la que Darwin escribe su obra maestra, El origen de las especies por medio de la selección natural, descubriremos que Darwin revoluciona a sus congéneres con una teoría científica que ante todo, plantea que existe el cambio en la naturaleza. Hasta la publicación de su obra, sólo Lamarck había sido el único en postular que la naturaleza cambiaba, no obstante, fue Darwin quien a partir del sustento de su teoría que una cantidad de significativa de datos, recolectados mayoritariamente en su viaje con el HMS Beagle, lo que le permitió fundamentar su teoría y exponer irrevocablemente que la naturaleza había estado inmerza en un cambio continuo desde sus orígenes hasta nuestros días.

Hoy vivimos en una sociedad cuya actitud al cambio puede ser muy diversa, pero sin lugar a dudas, nadie se opondría a pensar que no sucede. Haber logrado, a través de una teoría científica fundamentada, desterrar el pensamiento fijista de su época (que acarreaba una herencia de más de 15 siglos) es un logro muy importante que debamos remarcar. No reconocerlo, no sólo es ingrato para con la labor realizada por Darwin, sino que muestra la miopía con la que hoy vemos la evolución y el desarrollo de las ideas a través del tiempo.